¿Límites en la crianza?…

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¿Cómo aplicar límites a los niños? <— Nada más fatal que esta frase.

”Nada nos asegura que el futuro será mejor que el pasado y el presente, por lo que hay que “trabajar porque así sea”. 

Gabriel Zaid

Los límites en la crianza:
Para muchas personas (en este caso padres), los límites son una cuestión problemática cargada de numerosas dudas y de malos recuerdos, y esto es por el significado emocional que la palabra límite tiene en nuestra sociedad (región). Es seguro que interpretemos dicha palabra como “disciplina absoluta” y que de esta forma sea impuesta en nuestros hijos, aplicando a la vez violencia y agresión.

En la crianza, cuando los niños van tomando su independencia allá cerca de los 9 meses de edad, y más notable a los 2 años (si es que se les ha permitido), vienen una serie de reglas militarizadas que prevalecen en casa (conductismo), y con el tiempo dichas reglas se vuelven tan normales hasta que son aceptadas a la hora de inscribir a los niños a la colegio. Y es aquí donde los adultos representan el peligro más activo para los niños (cerebros en formación Harvard 2003, La ciencia de la negligencia), a no ser que los padres hayan tomado la decisión de reconocer y respetar los procesos de desarrollo, y para esto es necesario informarse de buenas fuentes, y no solamente con una charla en un almacén de juguetes.

Durante la crianza y primera infancia, de las muchas charlas nada despreciables deberían ser sobre el amor, informarnops de ello y considerar permanentemente que los bebés, y niños dependen del amor de los adultos, que incluso se dice que para sobrevivir un niño necesita más el amor que la alimentación. (Harry Harlow 2010).

Regresando a los límites, no hay duda que muchos padres estamos verdaderamente afectados por nuestra propia infancia (la crianza de nuestros padres) y en consecuencia afectados por el miedo a los límites, nos desbordamos por el milagro y fantasía sobre el desarrollo de nuestro hijo, que entramos (a veces) en conflicto con la idea (y la sociedad) de ofrecerle tanta libertad y amor como sea posible. A ante esto debemos tener en cuenta cada circunstancia y eventos que llevan a nuestros hijos a situaciones que exigen “libertad”, y si la imposición de este término no se da en un contexto donde verdaderamente a merita la atención y el amor.

Entendamos pues el concepto de la palabra LÍMITE, y esta no es más que una separación entre dos cosas, un lindero, un punto donde termina algo. (recomiendo leer Rebeca Wild 2006),

La palabra «límite» según la concebimos,  amenaza a la libertad y es mejor que usemos, entendamos y practiquemos valores y no límites o restricciones

Cualquier límite es un obstáculo para un saludable desarrollo emocional, pero algunos límites también pueden protegernos de los ambientes hostiles; por ejemplo: las puertas de la casa que colindan con la calle, la limitación de una colonia y otra, etc. Usar la palabra «límite» casi exclusivamente con niños es un claro ejemplo de adultocentrismo. (Casilda R. 2005)

Debemos tener claro que nuestra visión de un entorno adecuado para niños sería incompleta sin la presencia atenta, respetuosa y no directiva de adultos; adultos que no dirigen a los niños aquí y allá de forma afectuosa, ni que dirigen su atención paulatinamente a eso «que es tan bonito e importante». Adultos que rehúsan auxiliar a los niños con rapidez en lo que les resulta difícil, anticiparse a su capacidad de iniciativa, manipular sus sentimientos o encerrar en su pensamiento explicaciones adultas. No obstante, serían adultos que tendrían un interés verdadero por estar «en la misma onda» que el niño, no para poder dirigirle mejor, sino para preparar convenientemente, paso a paso, el ambiente en concordancia con sus verdaderas necesidades.

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