Despertares nocturnos del bebé, ¿insomnio?

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No conocemos la infancia; sobre las falsas ideas que se poseen, cuanto más se abunda más nos equivocamos. Los más sabios buscan siempre al hombre en el niño, sin pensar en aquello que éste es antes de ser hombre.

ROUSSEAU
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Para muchos padres el sueño (dormir) de los bebés (y niños pequeños), es en los últimos tiempos es motivo de preocupación, cansancio, agobio y en muchas veces aciones o desiciones desinformadas para lidiar con algo posiblemente normal, que a ojos de algunos inescrupulosos, puede ser la oportunidad para hacer de lo normal un problema y así vender o patrocinar “medicinas” y curar algo que ni siquiera esta enfermo. Ante esto, si todo fuese verdad, estaríamos ante la mayor epidemia de los últimos años.

«Los bosquimanos del Kalahari llevan a sus bebés desde que nacen, porteados en cabestrillos semirígidos, que les permiten gran movilidad y permanecer en vertical, ya que ellos creen que los bebés dejados en posición horizontal nunca desarrollan una buena capacidad motriz, y es por ello que a los pocos meses, los bebés suelen mantenerse erguidos, por ello se denomina a los bebés bosquimanos, sean son los más precoces del mundo a la hora de andar.»

Small, M. E (1999).

Durante muchos años no fue así, por ejemplo en las sociedades tribales se dormía en familia (juntitos), siempre estaba alguien (o las voces) en la misma cabaña o choza, y siguió así hasta que dejamos que se mercantilizara cada rincón de nuestras casas.  En los tiempos de nuestros abuelos, nunca pensaron que un niño pequeño se durmiera solo, ni que durmiera toda la noche de un tirón. Una frase usual era «voy a dormir al niño», pero nunca  «El niño se va a dormir». Era una bonanza cuando nos dormía nuestra madre en brazos, junto a su pecho (al menos cuando mas pequeños), con una tarareada o balbuceo de dormir, y cuando nos despertábamos a media noche no era el fin del mundo,   sino  simplemente nos volvían a dormir.

En los últimos años la desinformación, y la adopción del método Estivil (o Ferber) ha cambiado muchas cosas (y para peor en la arquitectura cerebral del bebé); el puritanismo y en nombre del bienestar mental del bebé, se ha prohibido a los padres dormir con ellos. Las mitológicas amenazas  recitan frases como: “si una sola vez le consientes dormir en tu cama no querrá salir nunca más” (como que si algún adolescente quisiera dormir con sus padres aún).

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En fin se ha dicho a los padres -y lo han creído y practicado con al menos su primer hijo- que el bebé desde muy tierna edad tiene que dormir solo y toda la noche de un tirón (al menos que sea alimentado con leche artificial, no sucederá). Y el que no lo hace es porque tiene «insomnio», insomnio que le durará toda la vida, por culpa de los padres que le han consentido y malacostumbrado, que no le han sabido “enseñar” a dormir, pero entendamos un poco de las generalidades del sueño del adulto antes de comentar sobre el sueño del bebé.
-¿Será que leer nos produce sueño?

Un proceso Evolutivo
El sueño es un proceso evolutivo, todo niño sano, aunque actualmente presente despertares frecuentes o algún problema a la hora de acostarse, va a dormir correctamente algún día.

El sueño es algo que va ligado a nuestro desarrollo, por lo tanto siempre cambia, pero este cambio no es brusco, sino que se va modificando sigilosamente conforme vamos creciendo y envejeciendo y, al igual que ocurre con nuestro crecimiento o envejecimiento, únicamente lo notamos cuando hace más tiempo que no nos observamos.

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Los adultos no dormimos durante toda la noche de la misma manera, sino que tenemos momentos de sueño más superficial frente a otros de sueño más profundo; y vamos cambiando de uno a otro varias veces durante todo el tiempo que dormimos.

Ampliemos para mejor comprensión:
Cuando empezamos a dormir notamos que nuestros músculos se aflojan y nos caen los párpados, pero el sueño aún es muy superficial (fase 1) . Es como cuando nos preguntan si estamos dormidos y usualmente contestamos que no, que sólo teníamos los ojos cerrados. Si continuamos con “los ojos cerrados”  y nos vuelven a llamar, esta vez tendría que ser con voz mas fuerte (fase 2), y con forme pasa el tiempo el sueño se vuelve más profundo (fases 3 y 4). Y es allí donde se pierde la capacidad de respuesta a los estímulos auditivos y táctiles normales, y necesitaríamos de un gran estruendo (o del codazo) para despertarnos. Si no sucede nada de todo esto, a continuación, entraríamos en fase REM (la que anhelamos que tengan nuestros bebés toda la noche).
La fase REM es aquella en la que soñamos (en la cual nuestro cuerpo está profundamente relajado, casi paralizado, pero nuestra mente presenta una gran actividad).
A todo esto se le denomina ciclo. Cada ciclo tiene una duración diferente según cada sujeto y la edad que éste tenga, desde unos 50 minutos en el bebé a unos 120 minutos en los adultos. Al terminar cada ciclo, e incluso dentro de las diferentes fases de cada ciclo, se dan una serie de breves despertares (entre 6 y 10 cada noche) denominados microdespertares, y vuelta a empezar. Así hasta unos 4, 5 o 6 ciclos por noche, según la duración de los mismos o lo dormilones que seamos.

Entendiendo y asimilando bien lo anterior, notamos que cada fase del sueño es fisiológica y que dormir “de tirón” es perjudicial para el cerebro primitivo ya que: 
El número de microdespertares que se dan cada noche tienen su razón de ser por motivos de control y de vigilancia (8 horas desconectados del mundo podrían ser muy perjudiciales para el ser humano) y por razones de salud (cambio de postura para la salud de la piel, músculos y articulaciones).

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Sueño en el bebé después del primer trimestre
Por lo general, desde que nacemos hasta los 7 meses es el momento de la vida en que nuestro sueño va a cambiar más.

Entendamos primero que el sueño en los bebés no tiene todas las fases, sino solamente dos: la  REM y No REM, y estas son cíclicas, y se cumple en los niños cada 50 a 80 minutos, con despertares breves en los cambios, lo cual ocurre 4 a 8 veces en la noche, con retorno a sueño. (ahora sabemos porqué se despiertan tanto…)

Después del primer trimestre el sueño del principio, caracterizado por ser caótico, va a dar paso a un periodo de sueño más predecible y empezará a dormir algo más de noche que de día.

Después de los dos meses, aquel sueño tranquilo que tenía el recién nacido, va a volver a evolucionar hacia fases más profundas (origen de las fases III y IV) en que es más difícil despertarle. Muchos padres creen que su hijo ya siempre será así, pero hacia los tres meses el sueño se aligerará un poco (origen de las fases I y II) con lo que piensan que su hijo se está descontrolando otra vez. No, no se trata de una regresión de lo que ha adquirido, sino de una evolución hacia fases adultas.

A partir del primer trimestre ya no se dormirá directamente en fase REM, sino que tendrá necesidad de pasar antes por una fase no-REM. De tal forma que ahora, si hace poco que se ha dormido, cualquier cambio puede despertarlo, ya que primero atraviesa unas fases de sueño ligero antes de llegar a las de sueño más profundo.

Cuando ya ha llegado a las fases más profundas del sueño tranquilo (fase IV) puede permanecer aproximadamente una hora en ella. Luego tendrá un breve despertar.

Muchos padres, llegado este periodo, se quejan de que al cabo de una hora (u hora y media) de sueño, su hijo se despierta. Muchos de ellos lo atribuyen a que su hijo se había dormido en brazos (o en su compañía) y ahora hacen falta (el mito de se acostumbró a ls brazos).

Hay que partir de la base de que un bebé siempre echa en falta a sus padres, más aún cuando se despierta por la noche; pero en este caso, con padres o sin ellos, el niño se despertará igual. La única diferencia está en la gama de comportamientos que pueden presentar los niños: los hay que apenas hacen ruido y se duermen con facilidad en pocos segundos; los hay más ruidosos y que pueden permanecer más tiempo despiertos

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¿Dormir como adultos?

Los niños no duermen como los adultos, requieren de más horas de sueño porque su cerebro se encuentra en desarrollo. Los recién nacidos y hasta los dos meses pueden dormir 16 a 20 horas sin diferenciar entre la noche y el día, con despertares cada 3 a 4 horas en búsqueda de alimento, algo de juego y vuelven a entrar a sueño, notando los padres en muchas ocasiones movimientos de succión, gestos y sacudidas que suelen mal interpretar como “mal dormir”, lo cual no es cierto, suelen estar en sueño profundo.

A medida que el niño crece, disminuye la cantidad de sueño, logrando hacia la sexta semana de vida 5 a 6 horas continuas de sueño en la noche, con siestas durante el día con una duración de 3 a 4 horas, que van disminuyendo hasta los 6 a 8 meses cuando se toman dos largas, en la mañana y en la noche, con una duración total de sueño de 12 a 14 horas.

Es aquí donde en niño aprenderá a dormir de forma continua en la noche, mientras su cerebro se desarrolla y aprende del entorno. Mientras tanto podemos facilitarle las condiciones, hora de sueño, ritual antes de dormir, etc., pero no estrictamente las mismas actividades que cuando toma una siesta. 

Al dormir (de noche) procuremos que el entorno sea grupal en un ambiente libre de luces, sonidos, pantallas y otras cosas que pueden interrumpir la relajación o la calma. Un baño, la pijama, leer la biblia, dibujar, entre otras actividades serán de utilidad. Y algo muy importante es que los padres debemos hacer saber a los bebés (aunque creamos que no nos entienden) que estaremos allí para ellos, que no los dejaremos nunca y que pueden confiar que todo estará bien cuando cierren sus ojitos.

Tengamos en cuenta siempre que a un bebé siempre le faltará la presencia física de sus padres, más aún cuando se despierta por la noche; pero en este caso, con padres o sin ellos, el niño se espertará igual, y la única diferencia está en la gama de comportamientos que pueden presentar los bebés.

¿De qué depende que presente un comportamiento u otro?, nada mas de la maduración (excepto en el caso de los trastornos), y siempre llega un día en que el bebé madura y se dormirá por sí solo después de un despertar.

Sin en algún momento tuvimos la fantasía que nuestro bebé no despertaría por la noche, lamento decepcionar. Todos nos despertamos unas diez veces por noche, la única diferencia entre un bebé y nosotros es que nosotros ya dominamos la técnica de dormir, cuando mucho nos damos la vuelta, estiramos las sábanas y continuamos durmiendo sin tomar conciencia del despertar.

Al entender el sueño de nuestro bebé (en estas edades), ayudamos a que el o ella pueda:
-Distinguir del día y la noche (horas de dormir).
-Adquirir las fases del sueño del adulto.
-Alertar selectivamente, cuando se sienta solo o entre extraños.

pasado esta etapa, el bebé no solo tiene adquiridas casi todas las fases del sueño del adulto, sino que puede unirlas con más facilidad y hacer tirones de más de un ciclo, con lo que poco a poco se prepara para poder desarrollar un patrón de sueño adulto. (El hecho de poder unir más de un ciclo implica, a veces, más despertares, ya que son muy comunes los microdespertares al terminar un ciclo de sueño.)

Si estás interesada o interesado en seguir aprendiendo, tómate un descanso y continúa esta lectura infalible sobre las verdades del sueño infantil, por ello vamos a preparar las «Verdades del sueño Infantil», pero eso será en la siguiente entrada del Blog.

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Bibliografía:

-MlLBERG, F. y GEROLD, I., «Dificultad para conciliar el sueño y despertares nocturnos como motivo de consulta pediátrica.
-AlNSWORTH, M., «Attachment beyond infancy», American Psychologist.
-CHALLAMEL, M. J., y THIRION, M., Mi hijo no duerme, Obelisco, Barcelona, 2003.
-ESTIVILL, E., Método Estivill. Guía rápida para enseñar a dormir a los niños, Plaza & Janes, Barcelona, 2000.
-GONZÁLEZ, C., Bésame mucho: Cómo criar a tus hijos con amor, Temas de Hoy, Madrid, 2003.
-LlEDLOFF, J., El concepto del continuum. En busca del bienestar perdido, Madrid, 2003.
-MOORE, M. S., Disturbed attachment in children: a function in sleep disturbance, altered dream production and immune dysfunction. Not safe to sleep: Chronic sleep disturbances in anxious attachment.
-Organización Mundial de la Salud (OMS), Pruebas científicas de los diez pasos hacia una feliz lactancia natural, 1998.
Extractos de
Jové Montanyola, R. María., Dormir sin lágrimas, Madrid 2007.



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